Enfundá la Mandolina

Qué cosa linda encontrar tu lugar ideal para el encuentro cotidiano con amigos. Friends tiene su cafetería, How i met your mother tiene su bar, nosotros tenemos a La Mandolina.

Sí, en un ambiente tan descocado como su nombre indica, Enfundá la Mandolina se convirtió en nuestra elección predilecta. Lo conocimos gracias a la mamá de mi mejor amigo (alabada seas, Ingrid) y desde entonces no paramos de ir.

Les recomiendo hacer reserva y, en lo posible, ir un día de semana. El lugar es grande, pero se llena rápido y, si tienen que esperar mucho, el aromita que sale desde la cocina puede provocar que sus panzas hagan más ruido que Godzilla en medio de un ronquido.

Ubicación

En esa partecita de Palermo que todavía se mantiene intacta y protegida del caos. Hasta podés estacionar tranquilo porque rara vez hay tránsito o trapitos.

Por dentro

Desde el vamos, La Mandolina te recibe con toda la calidez posible. Súper kitsch, vas a encontrarte con paredes plagadas por juguetes retro, cajas de galletitas antiguas, frasquitos de perfume de la década del ´30, vinilos setentosos, bidones, fileteados y teléfonos colgantes.

Paredes no aptas para minimalistas.
Paredes no aptas para minimalistas.

No apto para fanáticos del orden, la mezcla de estilos y sensaciones que genera te van a hacer sentir como en el más estrambótico de los mercados de pulgas.

Está dividido en sectores. Tiene mesas afuera (pet friendly), mesas en la entrada, una barra en medio y más mesas detrás -te recomiendo estas últimas-.

Las mesas son rústicas -un poquito desprolijas- y la vajilla varía entre mexicana, jujeña y marroquí.

Vajilla.
Vajilla.

Los baños son un mundo aparte. Fotografías que parecen sacadas del baúl de un abuelo, una caja registradora añeja (y preciosa) y detalles por todos lados. Ah, y están súper limpios.

El baño, otro espectáculo.
El baño, otro espectáculo.

De más está decirte que vas a escuchar tango, música española y algún que otro bossa nova.

Atención

No sabemos muy bien por qué, pero todos los mozos son extranjeros –en su mayoría, colombianos– y uno es más divino que el otro.

El pancito (dato imprescindible) es riquísimo: Ofrecen figacitas con manteca y pan con semillas de girasol acompañado con una especie de cous cous con morrón y si tu panera se vacía, ni te preocupes, vuelven a llenarla para vos. Además, sirven como cortesía un vino aromatizado con canela, pimienta blanca y un fondo almibarado.

Por otro lado, se acercan sin problemas a consultar si alguno en la mesa precisa algo y no dudan en recomendarte el plato indicado si no lográs decidirte (es todo tan rico y llamativo que el asunto puede volverse difícil).

Menú

Variado. Desde clásicos como un guiso de lentejas o una suprema fugazzeta hasta exóticos como yacaré (sí, tienen un plato con yacaré, pero no me animo a probarlo porque sería casi como comer un dinosaurio).

Gran variedad de postres, entradas y tragos riquísimos.

Tras una gran dosis de pan (no supimos contenernos), salteamos la entrada y fuimos directo a los principales.

Fede: Sorrentinos de jamón y queso con crema de panceta y verdeo.

Descritos por él como “ñam, gloriosos, ñam”. Súper bien rellenos y con una salsita suave (la panceta no lo invadió todo) y en el punto justo.

Sorrentinos de muzzarella y jamón con salsa de panceta, crema y verdeo.
Sorrentinos de muzzarella y jamón con salsa de panceta, crema y verdeo.

Yani: Agnolottis de calabaza y provolone con crema de panceta y verdeo.

Exquisitos, la mezcla del relleno resultó muy homogénea y cremosa.

Agnolottis de calabaza y provolone con salsa de panceta, crema y verdeo.
Agnolottis de calabaza y provolone con salsa de panceta, crema y verdeo.

Pao: Pernil de cerdo con papas doradas.

El cerdo se deshizo con solo tocarlo, muy gustoso. Las papas, normales.

Pernil de cerdo con papas rústicas.
Pernil de cerdo con papas rústicas.

Mel: Osobuco cocido durante cinco horas con ensalada.

Impresionante, me lo recomendó uno de los mozos y fue una gran elección. Carne y salsa se fusionaron absolutamente y adquirieron un gustito ahumado. Me encantó.

Osobuco.
Osobuco.

Es importante que sepas que casi todos los platos se pueden compartir porque son MUY abundantes (y te aseguro que mis amigos y yo somos de muy buen comer). Lo ideal sería pedir una entrada, un plato cada dos y un postre cada dos también; como para no quedarse con las ganas de probar algo.

Precio

A pesar de estar en Palermo, tiene precios de una fonda de barrio. Ningún plato principal supera los $99 (a la fecha) y, además, tenés descuentos con Club La Nación y por hacer reserva telefónica.

¿Recomendable?

Muy. Comienzo a considerar que recomendártelo va a ser un riesgo para mí a la hora de conseguir mesa. Vas a estar en un lugar re bonito, comiendo rico y barato.

Punto fuerte

El gustito a comida casera y la buena atención. Les recomiendo que vayan los miércoles, tienen (por algún motivo aún desconocido) la mejor predisposición de la semana.

Punto débil

No apto para pretenciosos, recordá que lo interesante es sentir que estás comiendo en tu casa.

Ah, no aceptan tarjetas de crédito, andá preparado.

  • Dirección: Salguero 1440
  • Web: enfundalamando.com.ar
  • Reservas: Sí.
  • WiFi: Sí.
  • Tarjetas de crédito: No.