Juguemos a que sabemos cocinar molleja

La molleja, ese ingrediente que te encanta comer, pero que rara vez te animás a preparar. Esa “carne que no sabés muy bien qué es”, pero que cada vez que la vez en la carta de un restaurante no dudás en pedir porque bueno, ¿cuándo la vas a comer, sino? ¿En algún (muy buen) asado?

Cuando, hace un tiempito, me mudé con mi novio, decidí que era indispensable que en nuestra cocina la molleja dejara de ser un elemento extraño y, para darle una buena bienvenida, decidí usarla como ingrediente principal para nuestra primera cena “hogareña”.

En esa primera vez con la molleja, decidí cocinarla de la forma más simple: Un poquito de vino blanco, jengibre y limón. Papas para acompañar. Y… ahí descubrí que lo más complejo no es su cocción, sino su LIMPIEZA porque, tengo que confesártelo, odié con toda mi alma limpiar la molleja.

Mi primera vez con la molleja
Mi primera vez con la molleja

¿Y cómo se limpia?

  1. Poné la molleja en agua fría con sal y laurel/romero. Llevala hasta el hervor durante quince minutos. Vas a notar que, durante ese tiempo, la molleja empieza a largar como una espumita (es la grasa, tiene mucha grasa) y con una espumadera vas a tener que ir quitándola.
  2. Cuando notes que la espuma deja de invadir tu olla, llegó el momento de traspasar la molleja a un bowl con agua fría para que se corte el hervor.
  3. Una vez fría, agarrá la molleja, retirá los excedentes de grasa y su membrana (es como una pielcita que la recubre).
  4. Listo, ya está limpia. El tema es que tiene tanta… “viscosidad” que a mí me terminó dando impresión y acabé comiendo nuestro plato sin demasiadas ganas jaja. ¿Qué te recomiendo hacer, entonces? Limpiala, trozala y freezala. Usala otro día, ya limpita y hermosa, con todo el asunto de la membrana olvidado.

Una vez limpia, la molleja es una víscera amable y gustosa de tratar. La cortás fácil, la cocés rápido y la disfrutás con ganas.

Y, en mi segunda cena con molleja como ingrediente principal, decidí probar algo rico y simple para combatir una noche de mucho frío: MOLLEJA AL VINO BLANCO CON CREMA DE HONGOS SECOS Y NUECES (sí, nueces, y te va a encantar).

¿Qué necesitamos? (Para dos platos)

  • 1 molleja limpia mediana
  • 3 dientes de ajo
  • ¼ de taza de hongos del bosque secos
  • ¼ de taza de champignones o portobellos
  • ¼ de taza de vino blanco
  • 1 pote de crema
  • 6 nueces
  • 1 y ½ taza de arroz cocido
  • Sal, pimienta y mostaza en granos a gusto
  • Un chorrito de aceite de oliva
  • Orégano y perejil a gusto

¡A cocinar!

  1. Trozá la molleja en pedacitos pequeños. Apartá.
  2. Picá el ajo, desmenuzá las nueces y trozá los champignones. Separalos.
  3. En una ollita pequeña, colocá el vino junto con los hongos secos e hidratalos a fuego mínimo durante cinco minutos. Apartá.
  4. Con todo listo, echá sobre una olla el chorrito de aceite y cuando esté MUY caliente, agregá las mollejas hasta sellarlas.
  5. Una vez doradas las mollejas, agregá el ajo y los champignones. Luego, agregá la mostaza, las hierbas y salpimentá.
  6. Por último, incorporá los hongos ya hidratados y la reducción resultante del vino blanco. Cuando el alcohol comience a evaporar, terminá la cocción con la crema.
  7. Listo, una vez terminado, serví sobre un colchón de arroz tibio.
Mollejas con crema de vino blanco, hongos y nueces
Mollejas con crema de vino blanco, hongos y nueces

¡A comer!

¿Te gustó? Si tenés mollejas limpias, cualquier plato que realices con ellas va a resultarte súper rápido y, por sobre todo, delicioso.

Bon AppeTip!