Varieté culinaria en Mar del Plata Parte 1: MEDIALUNAS

Mar del Plata es de esas ciudades a las que ya estamos tan acostumbrados que algunas veces olvidamos mimar. Es esa amiga que está siempre ahí, prestándonos un oído cuando más la necesitamos, esa a la cual no siempre agradecemos, ¡pero cómo la extrañamos cuando nos falta!

Hacía más de un año que no iba a la Feliz y el síndrome de abstinencia comenzaba a volverse caprichoso e insistente. Me resulta difícil pensar en que alguien pueda pasar mucho tiempo sin meter las patitas en el agua, sin sentir tan vívidamente cómo la brisa del mar se lleva toda esa mala energía que la vida diaria contagia de a poquito.

Por suerte, el fin de semana largo del primero de mayo fue EL momento para que viajáramos. Salimos el viernes de madrugada y nos encontramos con una ruta casi vacía (¡milagro!); tuvimos nuestra indispensable parada en Atalaya y, apenas llegamos y conseguimos visualizar el mar, las sonrisas lo llenaron todo.

Conseguí llegar al lunes feliz e hiper plena; mucha comida, mucho descanso y mucho Scrabble (mi novio y yo somos un tanto competitivos al respecto).

Pasemos a lo importante: LAS MEDIALUNAS

“Es el agua, le da otro gustito al pan, a las facturas, a todo” he escuchado decir a mi abuela, a mi mamá y a mi suegra. La verdad que no sé si es por el agua, o si en Mar del Plata se instalaron los mejores “medialuneros” del mundo, pero sí sé que la comida de allá (y por sobre todo, las medialunas) son de las mejores que probé en mi vida.

Las medialunas de “Atalaya”

No puedo ir a Mar del Plata sin parar un ratito en Chascomús y llevarme muchas (MUCHAS) medialunas de Atalaya para el camino. No, ya sé que no están hechas en Mardel, pero… ¿no te parece que tienen gustito a viaje? ¿a costa?. Esponjosas, siempre calentitas y muy mantecosas se convierten en la puerta de entrada hacia donde sea que vayas.

Algunos dicen que están sobrevaloradas; para mí son el monumento nacional a las vacaciones y, que una confitería en medio de la ruta consiga sobrevivir (y crecer) en sus ya más de 70 años es un mérito enorme.

Fui con mis abuelos, con mis papás y espero ir algún día con mis hijos. La más rica y golosa de las tradiciones.

Imposible dejar de ir, y no olvides que están hechas en hornos de leña <3.

Web: http://www.atalaya.com.ar/

Tuvimos que llevar una docena de las medialunas de Atalaya
Tuvimos que llevar una docena de las medialunas de Atalaya

Las medialunas de “Las medialunas del abuelo”

Recuerdo ir siempre de chiquita a la sucursal que tienen en la esquina de Buenos Aires y Colón. Con mi mamá nos levantábamos tempranito, agarrábamos la sombrilla, unas lonas, pasábamos por Las medialunas del abuelo, comprábamos una docena y partíamos a la playa (rara vez más de seis medialunas llegaban a ver la arena).

Lamentablemente, quedaron en eso, no más que un simple recuerdo. De mi infancia hasta ahora, franquicia va franquicia viene, fue decayendo;  ahora es una panadería bastante mediocre.

Me da muchísima pena; sus medialunas se pusieron sosas, hasta secas, y el gustito a infancia desapareció.

No vayas. O no esperes algo especial en ellas.

Web: http://www.medialunasdelabuelo.com/

Medialunas del abuelo
Medialunas del abuelo

Las medialunas de “Boston”

Otro clásico. Señores mozos que sirven señoras medialunas. Amor eterno a la sucursal de Buenos Aires 1927. A diferencia de los locales anteriores, para ellos la medialuna es solo una más entre las tantas otras delicias que ofrecen, pero no por eso menos espectaculares: súper dulces (ideales para la hora de la merienda), tienen una masa húmeda y consistente.

De la Boston, te recomiendo además el budín inglés y los borrachitos -como un vigilante humedecido en cognac-.

Andá (y guardame algún restito).

Web: http://confiteria-boston.com.ar

Desayuno en La Boston
Desayuno en La Boston

Continuará.

 

¿Te gustó? ¿Comiste alguna o tenés otra medialuna marplatense para recomendar?

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