Club Hungária. O el bodegón norteño que tenés que conocer

Sí, Buenos Aires tiene muchísimas opciones gastronómicas y es imposible cansarse, pero… ¿y si cruzamos la General Paz y llevamos a pasear a nuestros paladares un poquito más lejos?

Hace un tiempo, leí la nota que los genios de AntiGourmet sacaron sobre Club Hungária y, desde ese instante, mi panza estuvo gruñendo de las ganas de pasarme por allá.  Así que, con la excusa perfecta de visitar a mis papás, partí a Olivos y aproveché para probar un par de delicias húngaras.

Club Hungária está ubicado cerquita de Av. Maipú, así que llegar es muchísimo más fácil de lo que imaginás (aún si no contás con auto) porque tenés un montón de colectivos que pasan por sus alrededores. Está en plena zona residencial, ergo, estacionar no es demasiado complicado y, como su nombre indica, el restaurante pertenece a un “club” donde, además de comida, se dicta una amplia variedad de actividades relacionadas con la cultura húngara.

Por dentro
Por dentro

La entrada, acogedora y muy simple, me recordó mucho a la del Centro Okinawense y, al igual que este, es atendido por sus dueños y en cada detalle brilla la impronta casera.

Nosotros fuimos con reserva y POR FAVOR HACELA, los fines de semana se re llena y, con el aromita que hay al entrar, vas a sufrir bastante si tenés que esperar :P.

Llegamos puntuales y nos ubicaron sin problemas. El ambiente es el típico de un  “club de barrio”: muchas mesas grandes (el lugar es ideal para reuniones familiares o de amigos) y algunas mesas pequeñas. No hay ornamentos innecesarios, aunque sí detalles (y colores) típicos de la decoración europea.

Por dentro
Por dentro

Lo primero que quiero destacar es la atención, súper amena, eficiente y descontracturada. Te sentás, te dan la carta, te ponen una PANERA ENORME con una salsita deliciosa, elegís, pedís, pasan dos minutos y ya tenés la entrada sobre la mesa. Terminás la entrada, retiran los platos, llegan los principales. Impecable.

La carta es variada y bilingüe, cuentan con platos típicos -andá por esos, sí o sí- y alguna que otra minuta para los cobardes :P. Para beber, lo típico. El único punto en contra es que no venden vino en copa y me quedé con las ganas.

Para arrancar, fuimos con las figazas fritas (unas tortas fritas calientes muy ricas con un un diente de ajo encima -SÍ. La pesadilla del Drácula- para saborizarlas) y, después, escogimos al goulash mixto con spaetzle (el típico y delicioso guiso de carne vacuna y porcina con esos ñoquicitos adictivos que no se pueden dejar de devorar -definitivamente, mi favorito-) y probamos el Chucrut con carne de cerdo GRATINADO (otra delicia, aunque me sigo quedando con el Goulash). Imposible llegar al postre.

Figazas fritas
Figazas fritas
Arriba: Chucrut. Abajo: Goulash
Arriba: Chucrut. Abajo: Goulash

Todo estuvo riquísimo y algo a destacar (RE destacar) es que, encima de todo, a excelente precio. Emociona un poquito encontrar platos enormes e ideales para compartir a menos de $100 -a hoy-.

Tres últimos detalles que tenés que tener en cuenta: 1) No aceptan tarjeta, andá al cajero antes. 2) Tienen take away, te pasás y te llevás lo que gustes para comer en casa -he visto una mujer que llevó una olla enorme para que le llenen <3-. 3) TENÉS QUE IR. AHORA. DALE. LLAMÁ.

Claramente, y antes de que el invierno termine de escapar, espero volver y probar más cosas. Súper recomendable.

Mas info

Dirección: Juncal 4250 (Olivos)

Tarjetas: No.

WiFi: No

Rerservas: Sí, telefónica.

Bon Appetit!